Una obra maestra de integración sensorial y contextual
En la tradición de grandes arquitectos como Glenn Murcutt y Peter Zumthor, quienes han elevado la arquitectura a un diálogo poético con su entorno, esta cabaña en las faldas de las montañas de Montemorelos demuestra un enfoque magistral en la síntesis entre materialidad, clima y experiencia sensorial. Con 143 m² de superficie habitable, el proyecto logra una espacialidad expandida mediante la integración fluida del interior con el paisaje, evocando la relación entre refugio y entorno que caracterizó el trabajo de Frank Lloyd Wright en Fallingwater.
El uso estratégico de los elementos naturales—viento, tierra, agua y fuego—no es meramente simbólico, sino que responde a un rigor funcional. Los techos de madera, diseñados como alas, recuerdan la ligereza estructural de Frei Otto y su capacidad para manipular la circulación del aire, redirigiéndolo hacia el núcleo térmico de la cabaña. Este sistema de ventilación pasiva, en conjunto con las paredes de tierra comprimida, optimiza el rendimiento energético del espacio, evocando las enseñanzas de Hassan Fathy sobre arquitectura vernácula y confort térmico.
La alberca, que ocupa un tercio del espacio interior, se convierte en una extensión de la recámara, desbordándose suavemente por la orilla hacia el barranco de la montaña. Este gesto de disolución de límites entre el agua y el paisaje remite a la genialidad de Luis Barragán, quien usó el agua como una extensión del espacio interior, pero en este caso el agua se proyecta hacia el infinito, fundiendo el agua con la verticalidad del barranco. La alberca no solo amplifica la percepción del área construida, sino que crea una sensación de continuidad visual con el paisaje, como si el espacio mismo se disolviera en la naturaleza.
La dualidad de fuego y agua se subraya con un fogatero flotante y una chimenea en la recámara, estableciendo un juego de contrastes térmicos que remite a la experimentación sensorial de Tadao Ando en proyectos como el Water Temple.
La flexibilidad programática de la cabaña la hace adaptable a distintos modos de habitar: puede ser el refugio perfecto para una pareja en búsqueda de inmersión en la naturaleza o un espacio funcional para una familia, gracias a su mezzanine integrado, que permite una configuración versátil sin comprometer la espacialidad. Esta cualidad recuerda la lógica evolutiva de la Casa Farnsworth de Mies van der Rohe, donde el espacio fluye y se adapta a las necesidades de sus habitantes.
Por último, la piel de la cabaña se convierte en un mediador entre el interior y el paisaje: grandes ventanales retráctiles permiten la transición entre un espacio íntimo y un pabellón abierto a las montañas. Esta estrategia remite al concepto de la "arquitectura nómada" de Jean Nouvel, donde el límite entre lo construido y lo natural se desdibuja, permitiendo una fusión total con el contexto.
En un tiempo donde la arquitectura contemporánea se debate entre la artificialidad del objeto y la necesidad de revalorizar el entorno, esta cabaña se erige como un manifiesto de diseño bioclimático y sensibilidad espacial. Su capacidad de adaptación climática, su dominio de los materiales y su relación con el paisaje la convierten en un referente del habitar contemporáneo en armonía con la naturaleza.








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