DENSIFICAR PARA HABITAR, NO PARA ESPECULAR

 

Cooperativas de vivienda y ciudad centrada en las personas para resolver la crisis de vivienda en Latinoamérica

1. Propósito político y social

Mi propósito es minorizar y resolver la crisis de vivienda en Latinoamérica sin seguir reproduciendo el modelo que la creó:
la vivienda como mercancía, la ciudad como activo financiero y las personas como daño colateral.

La crisis de vivienda no es un problema de falta de construcción, es un problema de prioridades equivocadas.
Mientras sigamos construyendo ciudades para el automóvil, para la especulación y para la rentabilidad de unos cuantos, cualquier aumento de densidad solo hará la vivienda más cara y más excluyente.

Este documento plantea un cambio de raíz:
poner al habitante por encima del mercado,
a la comunidad por encima del capital,
a la vida por encima del automóvil.


2. El error estructural: densificar sin cambiar las reglas

Hoy se nos dice que la solución es densificar.
Pero densificar sin cambiar las reglas es agravar el problema.

Ejemplo claro:

  • Más pisos sin reglas sociales → más valor del suelo.

  • Más valor del suelo → más ganancia inmobiliaria.

  • Más ganancia → viviendas más caras.

  • Viviendas más caras → expulsión de quienes ya vivían ahí.

Eso no es solución, es aceleración del conflicto.

La densidad solo funciona si se le quita el control al mercado especulativo y se le devuelve a las personas.


3. Principio no negociable: la vivienda no es inversión

En este modelo, la vivienda cooperativa se rige por una regla clara y radical:

Una persona, una vivienda.

  • No segundas viviendas.

  • No vivienda para renta especulativa.

  • No vivienda como instrumento para crecer patrimonio individual.

  • No acumulación.

La vivienda no es un activo financiero,
es infraestructura social básica, como el agua o la salud.


4. La cooperativa como órgano sanador del territorio

Cada cooperativa de vivienda es un órgano vivo, no un producto inmobiliario.

Una cooperativa bien planeada:

  • reduce desplazamientos,

  • estabiliza comunidades,

  • protege a sus habitantes,

  • cuida el entorno,

  • y frena la especulación a su alrededor.

No llega a “renovar” un barrio expulsando gente.
Llega a sanarlo fortaleciendo a quienes ya lo habitan.


5. El orden correcto: primero la gente, después la arquitectura

El modelo tradicional hace esto:

  1. Diseña edificios.

  2. Calcula ganancias.

  3. Luego busca compradores.

El modelo cooperativo invierte el orden:

  1. Primero se reúnen las personas.

  2. Se escuchan sus necesidades reales.

  3. Se construye el acuerdo social.

  4. Después se diseña la arquitectura.

Antes de poner una piedra, debe existir una comunidad.


6. Prioridades claras para habitar, no para especular

La vivienda cooperativa debe priorizar:

  • Personas con trabajo cercano.

  • Familias con redes de apoyo en la zona.

  • Habitantes que hoy pierden horas de vida en traslados.

  • Personas que buscan estabilidad, no rentabilidad.

La cooperativa es un punto intermedio entre trabajo y familia,
no un objeto financiero.


7. Densidad humana, no densidad financiera

La pregunta correcta no es
¿cuánto se puede construir?
sino
¿cuánto puede vivir bien una comunidad?

Esto implica:

  • Densidades acordes a la infraestructura real.

  • Mezcla de tipologías según personas reales, no promedios abstractos.

  • Espacios comunes obligatorios.

  • Prohibición de venta o transformación especulativa.

Más metros cuadrados no significan mejor ciudad.
Más comunidad, sí.


8. Prioridad legal de las personas sobre el automóvil

Esto debe quedar claro por ley:

Las personas son más importantes que los autos.

No necesitamos más calles.
Necesitamos calles vivas.

No necesitamos más estacionamientos.
Necesitamos ciudades que respiren.

Contrastes claros:

  • Árboles que filtran el aire > cajones de estacionamiento.

  • Espacios para correr y caminar > carriles de alta velocidad.

  • Sombra, oxígeno y silencio > asfalto y tráfico.

El estacionamiento no es un derecho universal, es una opción según necesidad.
El aire limpio, la sombra y el espacio público sí lo son.


9. Seguridad real: personas, no cámaras

No ocupamos sentirnos seguros por cámaras.
Ocupamos sentirnos seguros porque hay personas.

  • Personas caminando.

  • Personas cuidando.

  • Personas con sentido de pertenencia.

  • Personas que se conocen.

Una ciudad vigilada no es lo mismo que una ciudad cuidada.

La seguridad real se construye con:

  • espacios de encuentro,

  • bibliotecas,

  • centros comunitarios,

  • vida en la calle,

  • y comunidad organizada.


10. No somos un producto genérico

Uno de los mayores errores del urbanismo actual es diseñar como si todas las personas fueran iguales.

No lo somos.

Cada comunidad tiene:

  • tradiciones,

  • rituales,

  • formas de reunirse,

  • maneras de ocupar el espacio.

Por eso:

  • primero se estudia a los habitantes,

  • luego se diseña.

La arquitectura debe hacer espacio para la cultura,
porque la cultura es la base de la sociedad.

Una ciudad que borra tradiciones, se vacía por dentro.


11. Lo que debe cambiar en la política pública

Si de verdad queremos resolver la crisis de vivienda, debemos:

  • Dejar de subsidiar la especulación.

  • Reconocer la vivienda cooperativa como prioridad legal.

  • Limitar la acumulación de vivienda.

  • Medir el éxito en permanencia, salud y cohesión social.

  • Diseñar ciudades para vivir, no para circular autos.


12. Cierre político

Sí, necesitamos densificar.
Pero no así.
No para el mercado.
No contra la gente.

Densificar para habitar,
para respirar aire limpio,
para sentirnos seguros por las personas que nos rodean,
para vivir cerca de quienes amamos y de donde trabajamos.

La ciudad no es un producto.
La vivienda no es mercancía.
La gente no es negociable.


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